Gracias a la Guía Michelín, las tropas expedicionarias británicas pudieron llegar a París al término de la Segunda Guerra Mundial.Lo mismo sucedió cuando los soldados británicos llevaron a cabo en mayo de 1940 en la costa de Dunkerque, la Operación Dynamo, el proyecto de evacuación de las tropas aliadas de Bélgica.
La Fuerza Expedicionaria Británica bajo el mando del Mariscal John Gort no contaba con mapas actualizados de las carreteras francesas. Los soldados que hablaban francés les preguntaban a los ciudadanos de los pueblos por los que pasaban la ruta a seguir. Los superiores exigían a Londres que les facilitaran mapas actualizados de las carreteras, pero las solicitudes se veían frenadas por la burocracia imperante. Debido a la falta de medios, el mayor Cyril Barclay decidió comprar en una librería todas las guías editadas por Michelin, asumiendo personalmente los gastos de aquella adquisición.
Al regresar al cuartel general, Barclay presentó el ticket de compra, pero sus superiores se negaron a reembolsarle el dinero, ya que entre las partidas presupuestadas por el ejército no había ninguna destinada a la compra personal de libros turísticos o mapas de carreteras.Alemania utilizó también la misma estrategia cuando invadió Francia en 1940. Consciente de que la Guía Michelín sería más precisa que los mapas elaborados por la Wehrmacht, decidió utilizar los mapas de carretera franceses, más actualizados.
Lo mismo sucedió durante la invasión a Austria. Alemania prefirió adquirir miles de mapas Baedker antes que utilizar los propios. Cuando en junio de 1942 Goring inició la batalla de Inglaterra, la Luftwaffe alemana –la aviación del Reich-, tenía claro cuales eran sus objetivos: todos los monumentos señalados con tres estrellas en las guías turísticas del momento.
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